Una historia de puras jaladas

El día nacional de jalársela en público cayó en el primer sábado de enero de este año ¿Y tú como lo celebraste?…

No seas bruto, obviamente estoy exagerando pero justamente ese sábado fui testigo de tres precances masturbatorios que ocurrieron durante mi habitual travesía fiestera ,¿Interesado? bajando este párrafo te contaré la historia fálica y lechosa.
Como sucede todos los sábados me dispuse inocentemente a intoxicarme con alcohol, inocentemente salimos de mi casa yo y mi amiga con quien comparto departamento para luego caminar  algunas de las planificadas calles del centro de la ciudad de Aguascalientes, -Siempre me ha sorprendido como es que unas calles que parecen paralelas se terminan cruzando-, en fin, que caminamos por detrás del mercado principal y nos encontramos con la extraña pero conmovedora escena de un vago, un vago feo, así como el estereotipo de vago, flaco, y feo, ¡ah sí!, y con un gorro, -todos los vagos tienen un gorro porque se los regalan en la universidad para vagos, obvio-, tenía su salchicha, para no usar la fea palabra verga, su ¡SALCHICHA! de fuera apuntando hacia el interior del aromático mercado, presumiblemente hacia la sección de las carnes frías, aunque la carne del vago estaba caliente por supuesto. Nosotros evitamos ver lo menos posible, pero después de dejarlo atrás nos volvimos a asomar, solo por curiosidad y para cerciorarnos. Si, efectivamente, el vago se la estaba… salchicheando por decirlo así.

Mi compañera no creyó que se la estuviera salchicheando, pero eso sólo porque no está así como muy familiarizada con el fino arte de jalar la charcutería. Yo sí. Tengo una. Ups.

En mi mente esa imagen fuera de contexto habitó por unos cinco minutos, la verdad es que ni me asustó, ni me sorprendió, ni me excitó (Dios guarde), ni nada de nada, pero me hizo preguntarme ¿Y dónde se la jalan los vagos?, no tienen lugares privados para hacerlo, la calle es su casa, el suelo es su cama y como todos los demás tiene deseos carnales y necesidades (Nota del editor: Y el suelo es su kleenex). Yo lo apoyo,que se la siga jalando, y si lo ven los niños, pues será hora de hablar de penes con ellos, responsabilidad de los papás.

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Ya superado lo acontecido, nos encontramos con nuestros entrañables amigos, un grupo de alrededor de siete personas a quienes decidimos no contarles nada pues ese momento quedaría en nuestros corazones. Tomamos, fumamos, hablamos, bailamos, contamos chistes y quien sabe que más en un bar de la calle de moda (que seguro quebrará en dos meses) del que temprano nos corrieron, como a la una y media de la madrugada. Nosotros somos muy party animals fuimos a continuación a otro famoso lugar, uno que se denomina a sí mismo dancetería. Ese lugar es visitado por rockeros y mirreyes al mismo tiempo, los primeros porque tocan rock en vivo y los segundos porque está de moda seguramente.

En la dancetería tomamos algunas birras yo y un ya reducido grupo de amigos, pues las chicas que andaban con nosotros decidieron ir a una casa cercana a cambiarse la ropa, las toallas o algo así, -cosas de mujeres-, el punto es que aquí la historia se divide en dos, su historia y la nuestra.
Con unas cervezasy una vejiga llena caminé entre la masa de cuerpos pidiendo permiso y llegué al baño acompañado de un amigo, -si, como las mujeres-, el pequeñito lugar estaba llenísimo así que hubo que esperar a que los caballeros acabaran con sus micciones, y ahí, viendo quien terminaba primero, ocurrió una de las imágenes más bizarras que he podido ver.

El punto es que aquí la historia se divide en dos, su historia y la nuestra.

Mientras tanto las chicas caminaban a la casa cercana de la que les hablaba, es la casa de una amiga que queda por la famosa Calle del Terror, -Dios quiera que nunca le cambien el nombre a esa calle-, me imagino que iban hablando cosas de mujeres, como de tampones y chocolate, esas cosas cuando de repente vieron a lo lejos a un hombre.

De regreso en el baño conmigo y con la cara de impacto de mi amigo, un hombre, en el mingitorio, un joven de unos treinta años, blanco, mirrey, elegante, rubio, alto y delgado, conceptualmente guapo, se la estaba chaqueteando. Parado como si estuviera haciendo pipi el tipo se masturbaba ante la mirada repulsiva de los jóvenes de hoy que acuden a la apreciada dancetería, algunas risitas como la mía eran emitidas por muchachos picaros, otros lo miraban de reojo, los más cercanos al chaquetero, por otro lado, evitaban a toda costa voltearlo a ver.

Se estaba chaquetando un mirrey guapo y sin recelo

¿Cuál sería su motivación?, ¿El alcohol?, ¿Qué es lo que lleva a un niño bien de 30 años a masturbarse en el baño de una dancetería?, ¿Existe imagen más bizarra? Ahora sí que como diría una amiga, que Dios lo perdone, pero que lo castigue primero.
Mientras eso pasaba en mi experiencia, las chicas vivían lo que si fue un suplicio, es importante anotar que las chicas que son mis amigas son muy abiertas, -si también de piernas, bueno no-, el chiste es que son personas open mind pero ante lo que sucedió quedaron un poco perturbadas.

El tipo que veían a lo lejos del que platiqué momentos atrás ahora se les acercaba, una calle obscura era el escenario del crimen, yo no puedo describir al hombre porque yo no lo vi, pero mi amiga dice que estaba guapo y joven.  Se sacó el pajarín, -así le decimos en mi casa cuando no le decimos pene- y se masturbó frente a ellas que de inmediato corrieron hacia la casa, el tipo las seguía y ellas seguían corriendo mientras reían conmocionadas, alcanzaron a llegar a la casa y cerrar la puerta de la cochera. Todo bien hasta ahí el problema ahora era salir pues el tipo se paró frente a la casa y continuó con su movimiento manual, ellas le decían “ya vete amigo”, él respondía, “perdón no llamen a la policía”, ellas le pedían “en serio por favor deja de hacer eso” él contestaba “No puedo es una fantasía que tengo, no hablen a la policía”. El parecer el tipo terminó y se fue, al respecto mis amigas comentaron que “pues la tenía bien”.

Estas fueron las tres historias con un final feliz, con calambrito y todo el asunto, todo lo que conté es verdad y me pasó a mí y a mis amigos, yo no sé si fue mucha coincidencia pero se los juro que este tipo de cosas me suceden y se los prometo que se las andaré contando por aquí.

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