julio 16, 2020

Entre 1921 y 1924 el abogado José Vasconcelos fungió como Secretario de Educación Pública del gobierno del presidente Álvaro Obregón.

El oaxaqueño decidió establecer la sede de la dependencia en el antiguo convento Santa María de la Encarnación del Divino Verbo, y un día de aquellos, quizá al llegar a su despacho, observó el patio, los muros, y decidió que valdría la pena aprovechar las paredes vacías para plasmar escenas que retrataran la mexicanidad que el gobierno revolucionario reconocía y defendía. 

Entonces invitó a Diego Rivera, a Roberto Montenegro y a otros, a que hicieran entrar en la sede de la SEP al pueblo humilde, para que se quedara a vivir ahí, en sus paredes. 

De esta forma se inauguró una práctica que perdura hasta nuestros días; una corriente plástica conocida como Muralismo Mexicano, aunque ciertamente mucho de lo que se hizo después tuvo poco que ver con semejante denominación. 

Con distintos resultados, unos más afortunados que otros, muchos gobernantes han ofrecido a los artistas plásticos las paredes de los edificios públicos, para que, de manera plástica, cuenten una historia, generalmente gozosa, épica, laudatoria, relacionada con el lugar donde se encuentra el edificio decorado, la Patria, el estado, o el municipio.

Entre nosotros posiblemente la obra más reciente sea la realizada por el artista plástico costarricense Marco Antonio Chinchilla Chinchilla, en el piso superior del edificio municipal –decirle palacio municipal sería un exceso- de la hermana República de Jesús María. Se trata de una pintura plasmada recientemente, que lleva el nombre de Morismos de Chinchilla, y a la que pertenece esta imagen.

Y sin embargo, si usted se apersona en la sede del ayuntamiento jesusmariano para contemplar la pintura, y espera ver algo por el estilo de Diego Rivera, o José Clemente Orozco, o David Alfaro Siqueiros -por mencionar únicamente a la santísima trinidad del muralismo mexicano- pero aplicado a Jesús María, se va a sentir decepcionado: Chinchilla no respondía a esa tradición plástica.

Por el contrario, en su cosmovisión sobre Jesús María Chinchilla pintó otros elementos, algunos de ellos poco ortodoxos. 

Le cuento estas cosas porque el costarricense murió el pasado 11 de marzo. Entonces, vayan estas líneas; esta imagen, a manera de inútil homenaje de este cazador de imágenes vivas y locales que intentó ser. Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com.

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