7 apuntes sobre la segunda temporada de House of Cards

Ya pasó más de un mes desde que House Of Cards, segunda temporada, fue estrenada por vía de Netflix, el maravilloso servicio de transmisión de vídeo en demanda. Ya hace un año hicimos alabanza de dicha manera de ver televisión y considero que la conversación en cuanto a la serie no tiene que ver tanto en si Netflix cambiará la manera en que consumimos televisión o  si viste todos los capítulos seguidos. Es importante, pero todavía así la producción estelarizada por Kevin Spacey se sostiene por méritos propios más allá del tema tecnológico. En dicho ánimo, vamos a plantear algunas preguntas, a semanas de distancia sobre lo que nos deja la serie tanto dentro como fuera de la pantalla. Y sí, con harto spoiler.

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Para pasar esto de una buena vez, ¿Cambiará la manera en que vemos televisión?

No. La prueba está en que aunque House of Cards se nos vendió casi como que el heraldo de la transformación del consumo de medios, de cualquier manera tuvo que ser producida en segmentos de una hora debido a clientes internacionales y las ventas en formato casero. En 2014 esto nos resultó normal pero en 2013 yo todavía tenía expectativa acerca de si jugaría con el formato, si se vería en diferente orden para experiencias diferentes o  si se jugaría con algún tipo de publicidad interactiva.

De hecho, el regreso de Arrested Development ha hecho más por el futuro de la televisión: es una temporada en desorden que se puede ver de diversas maneras, grabada de manera innovadora (sólo hay una escena con todo el elenco verdaderamente en el set)  y sin una sugerencia por parte de la producción, además de que lo cansado de su trama exige un descanso para la audiencia, a diferencia de lo adictivo de House of Cards….tradición que le viene desde las cajas de DVD.

La muerte de Zoé Barnes es el spoiler mejor guardado de los últimos tiempos

¿Alguien lo veía venir? ¡Yo no! De hecho nunca en mi vida me había preguntado si había visto bien una escena o si tendría repercusiones reales en la trama. Es un gran momento de la televisión, asunto que si viniera de una serie transmitida en AMC o HBO hubiera sido la gran charla del dispensador de agua al día siguiente (alguien agárreme a palazos por ese ejemplo tan oficinista). Tal vez lo mejor sea el tacto de todos aquellos que lo vimos y guardamos silencio.

¿Frank Underwood es gay?

¿Importa? No sé. Tal vez para algunas personas. Como se ha mencionado hasta el cansancio en reseñas, el sexo o más bien la actividad carnal, no es importante para Frank ya que él lo ve como un elemento de poder. Y ciertamente lo único que hemos visto de su relación física con Claire es el beso que se dieron junto al guardaespaldas. Aunque es desgarrador el momento en que Claire, luego del peor de los días, le pide a Frank que le cante. Wow, de la mejor televisión que hemos visto este año.

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¿Fue bien manejado el tema de los hackers?

Hay que reconocer algo. Pudieron representar al pirata informático al estilo de Dennis Nedry, el computín desordenado de Parque Jurásico. En lugar de eso se le dio lugar a una representación algo metrosexual, que toma buen vino y tiene una chinchilla como mascota. Creo que eso es un punto para el marcador de la representación de los ñoños en televisión. Además de que vale oro la introducción del hacker: con un iPad con red celular y un pájaro que habla. No muy sutil, pero algo realista.

La producción fue asesorada por uno de los fundadores de Anonymous, quién corrigió algunos aspectos poco verosímiles de la trama. El Huffington Post reporta que en especial fue modificada una historia en la que Gavin, el hacker que embauca al periodista Lucas Goodwin, delata a otros hackers ante el FBI. Como vimos en pantalla, Gavin no fue una rata. Un hacker que se respete nunca delata.

¿Es la serie icónica de las originales de Netflix?

Me temo que no. La verdadera revelación de la primera camada fue Orange is the New Black, tanto en audiencia como crítica. House of Cards ha recibido críticas tibias en sitios como Vulture y A.V Club, además de que el ruido generado disminuyó demasiado en relación al año pasado. Cabe mencionar que el mexicano ha recibido bien House of Cards, tal vez en parte por la representación idealizada del embrollo político. Pero la verdad, de eso pedimos nuestra limosna: más Franks, menos asustados institucionales al servicio del jefe.

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¿Y el periodismo?

La primera temporada tuvo un manejo casi que excelso del asunto de los medios. Y la verdad no es un tema raro en producciones recientes: Newsroom de Aaron Sorkin en HBO lo lleva de maravilla e incluso filmes como The Secret Life of Walter Mitty tocan con mucha sensibilidad el paso a los medios digitales y el abandono de las revistas y diarios impresos. En lo que vimos este año de House of Cards, la subtrama periodística fue una puta basura en comparación con lo logrado antes. La reportera del símil del Wall Street Journal simplemente sirve de correo para los asuntos de Frank y el empresario Tusk, sin preguntar, sin los compromisos de Zoe.

¿Habrá tercera temporada de House of Cards?

Sí, es un hecho. No se conoce mucho acerca de la participación de David Fincher, quien estuvo ausente en la dirección durante la segunda temporada. Viendo como los guionistas decidieron sepultar cabos sueltos en los primeros 20 minutos de la temporada actual, no sería raro que cosas como las secuelas de la renuncia del presidente Walker o una posible venganza de Raymond Tusk fueran apagadas como la carrera de Zoe Barnes.

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